sábado, 23 de abril de 2011

Somos urbanos

La poesía nos mueve el espíritu de una u otra forma.   De diferentes tipos, de acuerdo al tema que empape más la piel y el alma y nos satisfaga nuestras necesidades de empatía con la realidad propia y sentir particular.  Toca historias propias, estado actual de vida, amores y desamores.

Entre tantos autores, movimientos literarios, estilos, hay una poesía con la que me identifico plenamente.   Y es aquella urbana y llena de cotidianidad que nos habla de vos, de mí, de los días en el barrio o la ciudad, en la plaza y el mercado.  La que susurra al oído sin mucho tecnisismo conversando acerca del charco, del bazar, la mujer, plazoletas, el mandado diario, los edificios que se tragan su propio smog, el trafico, la muerte del prójimo...

Algo tan cotidiano, tranquiliza e inmerge al lector como si fuera éste parte de la historia que se nos relata por medio del poema. Un ambiente donde cualquiera de nosotros tendría cabida, con emociones buenas, tristes y que quizas hasta emociones baratas, porqué no.

Y cito,

"...Desayuno palabras.
En mi memoria
dos huevos fritos de pezón amarillo."
         (Marco Tulio Alfaro, escritor costarricense)

Y cito además,
"...Nos fuimos hermanos

en este manicomio rodante,
cien colones.

Los sentados, quince civiles
desarmados,
arrecostados en ventana y cabeceando..."
         (De mi autoría)

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