lunes, 25 de julio de 2011

Czeslaw Milosz -Polonia-


Encuentro
Estuvimos paseando a través de los campos
en un vagón al amanecer.
Una herida rosa roja en la oscuridad.

Y de pronto una liebre atravesó la carretera.
Uno de nosotros la señaló con la mano.
Eso fue hace tiempos. Hoy ninguno de ellos está vivo,
Ni la liebre, ni el hombre que hizo el ademán.

Oh, amor mío, dónde están ellos, a dónde han ido?
El destello de una mano, la línea de un movimiento,
el susurro de los guijarros.
Pregunto no con tristeza, sino con asombro.
Versión de Rafael Díaz Borbón

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Biografía:

Poeta de origen polaco nacido en Szetejnie, Lituania, en 1911.



Fundó el grupo literario "Zagary" y publicó en 1930 los primeros volúmenes de poesía mientras trabajaba en la radio polaca. Desde 1932 lideró el movimiento vanguardista y durante la II guerra Mundial participó activamente en la resistencia a la ocupación nazi. Posteriormente viajó a Washington como diplomático, y al romper con su gobierno se exilió en Francia durante la década de los años cincuenta, produciendo varias obras en prosa que le merecieron el "Premio Literario Europeo".


En 1977 recibió el título de Doctor Honoris Causa en Letras por la Universidad de Michigan y en 1980 el Premio Nobel de Literatura.

La grandeza de Milosz ha sido no ceder a la cultura de la queja, situándose en medio de los escombros del mundo para dar cuenta del bien cuando todo parecía hundido en el horror y la brutalidad: "Lengua mía fiel, / quizás sea yo quien tiene que salvarte. / Así, te seguiré poniendo delante cajitas de colores / claros y puros, si es posible, / porque en la desgracia es necesario algún orden o belleza".Falleció en agosto de 2004.

Poesía traducida al español:

La caída  



La muerte de un hombre es como la caída de una poderosa nación

Que tuvo valientes ejércitos, capitanes y profetas,

Y ricos puertos y barcos en todos los mares,

Pero ahora no socorrerá ninguna sitiada ciudad,

No entrará en ninguna alianza,

Porque sus ciudades están vacías, su población dispersa,

Su tierra que una vez proveyó de cosechas está saturada de cardos,

Su misión olvidada, su lengua perdida,

El dialecto de un pueblo puesto sobre inaccesibles montañas.


Versión de Rafael Díaz Borbón

Nunca de ti, ciudad



Nunca de ti, ciudad, he podido irme.

Larga fue la milla, pero algo me retrocedía como a una

pieza en el ajedrez.

Huía yo por la tierra que rodaba cada vez más rápida

Y siempre estuve ahí: con los libros en mi morral de lona,

Clavando los ojos en las pardas colinas detrás de las torres

de Santiago

Donde se mueven un pequeño caballo y un hombre pequeño

detrás del arado,

Ciertísimamente desde hace mucho ya muertos.

Sí, es verdad, nadie comprendió la sociedad ni la ciudad,

Los cines Lux y Helios, los letreros de Halpern y Segal,

El paseo en la calle de San Jorge, llamada de Mickiewicz.

No, no los comprendió nadie. Nadie lo ha logrado.

Pero cuando la vida transcurre en una sola esperanza:

De algún día ya sólo quedan claridad y distinción,

Entonces, muy a menudo, da pena.

Versión de Jan Zynch


 Fuentes
http://amediavoz.com/milosz.htm

Diario www.ElPais.com

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