jueves, 26 de junio de 2014

Poeta danés: Sueño sobre mi madre

En la nieve junto a la parada del autobús
encontré a mi madre
oscura, dura
y frágil como un pedazo de carbón
así que la nieve aún me cegó más.

Cuando logré ver de nuevo
apenas pude distinguirla
de lo que ahora se ha convertido en sucio
barrizal.

Trató de levantarse pero no pudo
y yo no podía llegar hasta ella
porque estaba durmiendo en un país
extranjero.

"Ahora entiendo lo que quieres decir -dijo-
cuando dicese que cuando uno regresa
nunca vuelve a la misma casa
aunque uno solo haya estado en la tienda de abajo.

Algo ha cambiado. Otro ha vivido ahí.
Y el que probablemente sea uno mismo
no tiene la más mínima importancia.

Las cosas han cambiado de sitio de manera
que crean
un espejo deformado
o posiblemente sea un telescopio
en todo caso uno se ve a sí mismo
lejos, muy lejos".

No conteté porque me había puesto a
pensar
en la estrecha calle de atrás
la que siempre estaba a oscuras, la tienda
del sótano
en el número 18.  "Qué vendian allí en realidad?
Tengo que averiguarlo", pensé.
"Y la calle de atrás, cómo se llamaba?
La calle del Deseo de sueño o el callejón del Perrito?"

Entonces las personas de la parada
empezaron
a entrar en mí una tras otra.

Sus ropas estaban frías y olían mal
a inviernos de la primera mitad del siglo
y sus alientos me producía náuseas.

Allí donde el camino se dividía en tres,
a Odense
a Mexico y al siglo dieciocho
me equivoqué de carretera y caí con el
coche en el abismo negro
y me desperté bajo brillantes olivos
abarrotados de cigarras

cuyo estrépito ha tenido que poner en
marcha mi sueño
sobre raíles y  ruedas metálicas.

Y la sirena estaba a mi lado tumbada
con algas en el pelo tal como la recordaba.
Henrik Nordbrandt /Dinamarca 1945

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